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El "pulgar" de Riquelme bajó a Guillermo Barros Schelotto como nuevo técnico de Boca. Pero éste fue sólo un capítulo más de una larga historia de polémicas
Las disidencias puestas de manifiesto entre Juan Román Riquelme y Guillermo Barros Schelotto en Boca, negándole el primero la posibilidad de ser entrenador del primer equipo al platense, reverdecieron en estos días otras "internas" poco conocidas.
Entre 1991 y 1992 el uruguayo Oscar Tabárez no pudo resolver serias diferencias entre varios "pesos pesados" del plantel como Carlos Navarro Montoya, Alberto Márcico, Blas Giunta y Carlos Javier Mac Allister, entre otros.
Al cabo, el técnico debió irse siendo campeón. Tres años más tarde, Diego Latorre tildó de "cabaret" a la intimidad del plantel de Boca -lo dirigía Carlos Bilardo y llegaba Héctor Veira- luego que trascendieran distintos enconos.
En el verano del 98 Veira debió soportar un ataque de furia de Gustavo Barros Schelotto en Mar del Plata, después de un 2 a 2 con Racing, que derivó en la salida del "Mellizo" a préstamo en Unión de Santa Fe.
En julio llegó Carlos Bianchi y Boca tuvo un ciclo de mucho éxito y virtual armonía entre futbolistas y cuerpo técnico.
Las diferencias entre Riquelme y Guillermo Barros Schelotto afloraron cuando llegó Marcelo Delgado en el verano de 2000. O a partir de mayo de ese año, cuando Boca eliminó a River en La Bombonera, después de un pase de Riquelme a su amigo Marcelo Delgado que significó el 1 a 0.
Al cabo, el partido terminó 3 a 0 y Delgado pasó a ser un destinatario obligado del juego cerebral de "Romy", algo que alejaba a Guillermo Barros Schelotto de la titularidad.
Muchos años antes, en 1961, Antonio Ubaldo Rattín era el capitán de Boca cuando llegó el exquisito brasileño Dino Sani, ex integrante del "scracht" del campeón mundial de Suecia 58.
Estilos distintos y caracteres disímiles, "Dino", un crack, jugó menos de un año y emigró al Milan, de Italia. Allá fue figura. El jugador de la selección de Brasil "la tenía atada" y siempre con la cabeza levantada.
En tiempos de "La Máquina" de River, entre 1941 y 1945, eran públicas las diferencias entre Adolfo Pedernera y Angel Labruna. El primero prefería la complicidad del "Charro" José Manuel Moreno.
Pero en la cancha los dos jugaban para Labruna, que hizo casi 300 goles oficiales, un centenar de ellos en aquel ciclo de "La Máquina" y también después, cuando Alfredo Di Stéfano reemplazó a Pedernera en 1947.
Más de medio siglo después, en 2005, Horacio Ameli y Eduardo Tuzzio protagonizaron, en River, un conflicto casi sin antecedentes de trascendencia pública. Para el técnico Leonardo Astrada "ése problema fue el origen de la eliminación en la Copa Libertadores".
Hace treinta años, River había ganado el Metropolitano de 1977, pero Reinaldo Merlo y el cordobés Héctor Artico mantenían una disputa personal que trascendía al propio plantel. Angel Labruna era el entrenador y no pudo reconciliarlos. En 1978 el zaguero pasó a Vélez Sarsfield. Fuente: Télam |